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CASCO ANTIGUO. El Casco antiguo de Villanúa es un entramando de calles y callejones en las que todavía quedan vestigios de otras épocas. Ell casco histórico se encuentra concentrado en la margen izquierda del Río Aragón.

Aires de antaño y modernos se mezclan destacando algunos de los elementos más valiosos: la Fuente de los Cuatro Caños, los escudos de infanzonías que presiden las portadas de numerosas casas, el Ayuntamiento Viejo (hoy farmacia), con su portada y ventanales góticos, o las antiguascuadras, hoy casi todas transformadas en viviendas.
RESTOS MEGALÏTICOS. Villanúa cuenta con un interesante y abundante patrimonio megalítico. Los dólmenes de Letranz, Diezcapanas y de Güixas han sido frecuentemente estudiados y catalogados. Existen al menos tres dólmenes más, catalogados, y una interesante agrupación de menhires.

En la foto el dólmen de Letranz, situado a unos 3 kilómetros de la localidad, en la pista de Collarada, en una pared de una pradera de propiedad particular. El acceso es muy sencillo y su conservación es buena.
ARUEJ. A un kilómetro escaso de la entrada a la localidad.
Se compone de varias casas solariegas del siglo XVIII, una Torre Fortificada del XIV y una iglesia de finales del X.

Actualmente, el poblado, cuyo estado de conservación está bastante deteriorado, es de propiedad particular y depende del municipio de
Villanúa.
Antiguamente Aruej era un Señorío. Su papel era el de preservar la calzada romana del Summo Porto de los ataques provenientes del otro lado del Pirineo.
PUENTE ROMÁNICO. La entrada tradicional al casco urbano de Villanúa se hace a través de un puente medieval, levantado por Pedro I de Aragón, quien mando su construcción en el año 1100 para facilitar el tránsito en el Camino de Santiago y aprovechando los cimientos romanos de una pasarela anteriormente desaparecida

Hasta la construcción de la nueva pasarela, en el área de descanso, ésta ha sido la única entrada al centro urbano, por lo que se acondicionó la estructura para al paso de vehículos. Hasta el siglo XIX hubo otro puente de madera, que la obra de la nueva carretera destruyó.
VIADUCTO DE SAN JUAN. Siguiendo el Camino Orbil, pista en la margen izquierda del Río Aragón, tras atravesar el núcleo histórico, a una hora de marcha suave, se encuentra el ferrocarril del Canfranc o Canfranero (una de las obras que más influyó en el paisaje de este valle y en faceta social y económica).
Es un impresionante viaducto de piedra de 28 arcos, construido a principios del siglo XX. Este viaducto, junto a dos túneles y un paso helicoidal, permiten pasar de los 800 a los 1.000 metros de altitud en un pequeño espacio y con rampas máximas del 2%. El último arco se cerró en 1916, celebrando la víspera de Santa Orosia (25 de junio) una fiesta para celebrarlo.
ERMITA DE SAN JUAN. Continuando por el Camino Orbil, tras pasar el Viaducto de San Juan, a 1 kilómetro , se encuentra la antigua pardina Izuel y la ermita de San Juan.

Un pequeño y humilde de templo, que hasta hace poco era el destino de la romería que los vecinos de
Villanúa celebraban anualmente cada 24 de junio.

En su interior se pueden contemplar pinturas murales, bastante recientes y sin valor artístico, que, sin embargo, logran darle a la ermita un sabor tradicional.
IGLESIA PARROQUIAL DE SAN ESTEBAN. Esta iglesia, construida en sillarejo, es el resultado de varias etapas constructivas. El testimonio más antiguo que se conserva es un muro con canecillos en su parte superior en el que se abría la primitiva portada románica y que, actualmente, cierra el baptisterio.

En época posterior se procede a la modificación del edificio , al que se le dota de su aspecto actual durante el siglo XVIII. Presenta dos naves, una principal de mayores dimensiones y una lateral, separadas por un pilar en el que apean arcos rebajados (escarzanos). En el lado Norte se abren dos capillas rectangulares que, por sus características y dimensiones, parecen conformar una tercera nave. En el lado sur se abre la portada de acceso al edificio, cobijada por un pequeño pórtico, y se adosa la torre campanario.

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